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Presentado como un antiparasitario natural o como una alternativa a los tratamientos contra pulgas y garrapatas, el ajo sigue circulando por las redes sociales a pesar de la falta de pruebas sólidas sobre su eficacia y de los riesgos bien documentados que presenta para perros y gatos.
Cada primavera vuelve a aparecer la misma recomendación en los grupos de Facebook dedicados a la alimentación canina: añadir ajo a la ración. Natural, económico y tradicional. Según sus defensores, ayudaría a repeler pulgas, garrapatas y otros parásitos sin necesidad de recurrir a los antiparasitarios convencionales.
El problema es que las pruebas que respaldan esta supuesta eficacia son muy limitadas. (1)
Sin embargo, la literatura científica es mucho menos ambigua en otro aspecto: el ajo contiene compuestos capaces de dañar los glóbulos rojos de perros y gatos. En cantidades suficientes, esta toxicidad puede provocar una anemia hemolítica, es decir, la destrucción de los glóbulos rojos encargados de transportar el oxígeno por el organismo.
Las cantidades consideradas potencialmente letales se sitúan alrededor de los 15 a 30 gramos de ajo por kilogramo de peso corporal. Sin embargo, ya se han observado signos de alteración de los glóbulos rojos en perros que recibieron aproximadamente 5 gramos de ajo por kilogramo de peso corporal durante varios días, es decir, dosis muy inferiores a las consideradas letales. (2)
Entonces, ¿por qué el ajo sigue presentándose como una alternativa creíble?
Esta historia no habla realmente del ajo
Porque, en realidad, esta historia no trata del ajo. Habla de nuestra relación con la palabra «natural».
Desde hace años, el mercado del bienestar animal prospera apoyándose en una idea muy simple: que lo natural es más suave, más seguro y más respetuoso con la vida. Los medicamentos evocan la industria. Los antiparasitarios y los desparasitantes recuerdan a la química. El ajo, en cambio, nos remite al huerto, a los remedios de la abuela y a una forma de sabiduría popular que resulta reconfortante.
Y, sin embargo, el ajo también es química. Mucha química.
Si una cabeza de ajo se vendiera con una lista detallada de ingredientes, podríamos encontrar nombres como:

Nombres lo suficientemente complejos como para despertar cierta desconfianza si aparecieran en la etiqueta de un antiparasitario veterinario. Pero como estas moléculas proceden de una planta cultivada en el huerto, a menudo escapan a esa misma desconfianza.
Natural no significa inocuo
La frontera entre «natural» y «químico» existe sobre todo en nuestra imaginación.
Tanto si una molécula se produce en una planta como si se sintetiza en un laboratorio, sus propiedades siguen siendo las mismas. Por eso, la verdadera pregunta no es si una sustancia es natural. La verdadera pregunta es siempre la misma: ¿funciona? ¿Y cuáles son sus riesgos?
La naturaleza no entrega certificados de seguridad. El chocolate puede matar a un perro. Las uvas también. Algunas plantas son extremadamente tóxicas. Y el ajo, pese a su imagen de remedio tradicional, también tiene su lado oscuro desde el punto de vista toxicológico.
Por qué las creencias resisten a las pruebas
Las anécdotas suelen resultar más convincentes que los estudios. Un testimonio publicado en Facebook genera más emoción que una tabla llena de resultados estadísticos. Y cuando una persona asegura que su perro lleva años comiendo ajo «sin ningún problema», su experiencia personal parece más real y más cercana que una publicación científica.
Así es como sobreviven algunas creencias: no porque las pruebas las respalden, sino porque responden a una necesidad muy humana de control y coherencia. El ajo como antiparasitario es probablemente uno de los mejores ejemplos de este fenómeno. Una solución percibida como natural, transmitida de propietario en propietario, a pesar de que los beneficios que se le atribuyen siguen siendo inciertos y los riesgos son conocidos.
Conclusión
La cuestión no es si el ajo es natural. La cuestión es por qué esa palabra sigue resultándonos tan convincente cuando sustituye a las pruebas. Puede que el ajo no sea el antiparasitario milagroso que algunos prometen para los perros.
Pero conserva una cualidad indiscutible: en un buen alioli hace maravillas. Ahora que llegan la primavera y el verano, probablemente sea mejor encontrarlo en tu plato que en el comedero de tu perro.
