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En los últimos años, los llamados alimentos «frescos» para perros y gatos, conservados en refrigeración, han experimentado un notable crecimiento impulsado por una intensa campaña de comunicación en las redes sociales. Su aspecto de comida casera y la imagen de naturalidad que proyectan generan cierta confusión: con frecuencia se presentan como una alternativa superior a los piensos o a los alimentos húmedos, como si el método de elaboración fuera, por sí solo, un indicador de su calidad nutricional.
Un vídeo publicado recientemente ilustra muy bien este tipo de estrategia comunicativa. En él, una veterinaria especializada en nutrición, que colabora con una marca de alimentación para perros y gatos, expone una serie de afirmaciones de carácter científico con el objetivo de promocionar una alimentación denominada « fresca ».
En menos de minuto y medio sostiene, entre otras cosas, que:
- los alimentos procesados aumentan la mortalidad de los pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal crónica (CIE);
- las enteropatías inflamatorias crónicas del perro y del gato son comparables a la enfermedad de Crohn en humanos;
- miles de estudios en medicina humana han demostrado que los alimentos procesados agravan estas enfermedades;
- los piensos y las latas húmedas generan compuestos que favorecen la inflamación intestinal;
- una alimentación fresca, sin aditivos añadidos con una cocción lenta y suave constituye siempre la mejor opción;
- y que una determinada marca podría cumplir con esos requisitos.
Presentadas de este modo, estas afirmaciones dan la impresión de estar respaldadas por un sólido consenso científico. Sin embargo, cuando se analizan una por una, varias de ellas plantean un importante problema de nivel de evidencia, de extrapolación o, sencillamente, de rigor científico.
1. «Atención tutores, se confirma: los alimentos procesados aumentan la mortalidad en pacientes con IBD.»
Probablemente sea la afirmación más problemática.
Lo que resulta problemático desde los primeros segundos es la manera en que el discurso va construyendo progresivamente su marco de referencia. La veterinaria comienza hablando, de forma general, de «pacientes con IBD o CIE», sin especificar si se trata de personas o de animales. Dado que quien habla es una veterinaria y que el vídeo muestra simultáneamente perros y gatos, es natural que el espectador interprete que el mensaje hace referencia a la medicina veterinaria.
Siguiendo esa misma lógica, conviene señalar que, hasta la fecha, no existe ningún estudio veterinario que demuestre que los piensos o los alimentos húmedos industriales aumenten la mortalidad de perros o gatos con enfermedad inflamatoria intestinal crónica.
2. «Las enteropatías inflamatorias crónicas son comparables a la enfermedad de Crohn.»
Se trata de una simplificación excesiva.
La comparación resulta engañosa cuando se presenta como una equivalencia, porque elimina diferencias esenciales entre las especies. Decir que «es comparable a» sugiere implícitamente que las causas, los mecanismos y la respuesta a los tratamientos son idénticos. Sin embargo, no es así.
La enfermedad de Crohn en humanos es una entidad clínica claramente definida y ampliamente estudiada. Simplificando, todas las enfermedades de Crohn son enteropatías inflamatorias crónicas, pero no todas las enteropatías inflamatorias crónicas son enfermedad de Crohn.
Al igual que ocurre en medicina humana, las enteropatías crónicas del perro y del gato engloban diversas enfermedades que todavía no se comprenden por completo y cuyos orígenes son múltiples y variables según el individuo. Por tanto, es posible establecer ciertos paralelismos entre estas patologías, pero considerarlas equivalentes constituye una extrapolación abusiva.
3. «Miles de estudios en medicina humana han confirmado que los alimentos procesados empeoran el cuadro.»
No es hasta más adelante, cuando se mencionan « miles de estudios en medicina humana », cuando se comprende que la argumentación se basa en realidad en datos procedentes de la literatura científica humana y no veterinaria.
En otras palabras, el discurso construye primero un marco implícito centrado en el animal y, solo después, introduce una base científica procedente de la medicina humana, sin aclarar en ningún momento ese cambio de ámbito.
Pero hay que reconocer una cosa: bien hecho! ha conseguido captar la atención. Y, sin embargo, sigue siendo una formulación engañosa y una confusión que constituye un error fundamental de razonamiento. Y es probablemente ahí que reside el verdadero núcleo del problema.
Toda la argumentación se sostiene sobre una sola palabra: procesado.
Sin embargo, esa palabra hace referencia a dos realidades completamente distintas.
Los alimentos procesados estudiados en nutrición humana son, en su mayoría, refrescos, golosinas, bollería industrial, galletas o platos preparados ricos en sal, azúcar o grasas. Son productos diseñados para el consumo humano, normalmente de forma ocasional, dentro de un contexto alimentario completamente distinto.
En cambio, un alimento completo destinado a perros o gatos está formulado para cubrir todas las necesidades nutricionales de una especie determinada. Su composición responde a objetivos nutricionales específicos, en ocasiones incluso terapéuticos, y no a reproducir las características de un producto destinado para resultar apetecible.
Equiparar estas dos categorías simplemente porque comparten la palabra « procesado » no constituye una demostración científica. Es una confusión terminológica.
Aunque algunos estudios observacionales en medicina humana sugieren una asociación entre el consumo de alimentos ultraprocesados y una evolución menos favorable de determinadas enfermedades inflamatorias intestinales, esos datos siguen siendo insuficientes para establecer una relación causal directa y, spoiler: no, no existen « miles de estudios » sobre este tema.
Pero lo más importante es que no existe ningún estudio veterinario que demuestre que los piensos o los alimentos húmedos industriales empeoren la evolución de perros o gatos con enfermedad inflamatoria intestinal crónica (CIE). Quizá, sencillamente, porque confundir un alimento procesado para consumo humano con un alimento procesado para animales de compañía es como confundir un suero fisiológico con lejía solo porque ambos son líquidos.
Estas dos categorías de alimentos, aunque compartan el mismo término (« procesado »), no persiguen los mismos objetivos nutricionales ni se evalúan dentro del mismo marco científico.

4. «La mejor opción va a ser siempre optar por alimentos frescos.»
Antes de seguir, conviene aclarar un punto: ¿qué entiende ella exactamente por «alimentos frescos» cuando utiliza ese término? En realidad, el alimento que promociona también es un producto procesado, fabricado a escala industrial, igual que los piensos o los alimentos húmedos.
Una vez aclarada esta confusión, nada permite afirmar que un alimento procesado constituya « la mejor opción » simplemente porque se conserve en refrigeración. Pero imaginemos, por un momento, que ese producto realmente no estuviera procesado, tal y como ella da a entender al mantener la ambigüedad en torno al término « fresco ». Afirmar que « la mejor opción será siempre una alimentación fresca » no está respaldado por los conocimientos científicos actuales.
Lo interesante es que las mejores evidencias disponibles en perros y gatos con enfermedad inflamatoria intestinal crónica hacen referencia, entre otros, a los regímenes basados en proteínas hidrolizadas. La hidrólisis consiste en fragmentar las proteínas en partículas mucho más pequeñas para que tengan menos probabilidades de desencadenar una respuesta inmunitaria a nivel intestinal. En consecuencia, una proteína hidrolizada es el resultado de un proceso de transformación industrial: no existe de forma natural en ese estado.
En el perro, varios ensayos clínicos muestran que una proporción importante de perros con enteropatía crónica responde favorablemente a dietas altamente digestibles o formuladas con proteínas hidrolizadas (1; 2). Según los estudios, la remisión clínica se observa aproximadamente en un 60 % a un 88 % de los perros con enteropatía crónica sensible a la dieta (3; 4; 5; 6).
En el gato, los estudios apuntan en la misma dirección: trabajos recientes muestran que una dieta basada en proteínas hidrolizadas también puede producir una mejoría clínica en una parte de los animales con enteropatía crónica (7; 8).
Por tanto, puede concluirse que el simple hecho de que un alimento procesado se conserve en refrigeración no permite afirmar, por sí solo, que vaya a ser « siempre la mejor opción ». Esta dependerá, en mucha mayor medida, de cómo el alimento haya sido formulado y elaborado.
5. «Sin aditivos añadidos», «cocción lenta y suave», «como hace, por ejemplo, Food for Joe».
Este argumento, utilizado para promocionar las supuestas ventajas de los alimentos « frescos », da a entender que los aditivos añadidos agravarían la enfermedad inflamatoria intestinal crónica.
La afirmación « sin aditivos añadidos » merece algunos matices. De hecho, no se trata de un término nuevo en el discurso de esta veterinaria, que lo utiliza con frecuencia, incluso en otros contextos promocionales. En el caso de este alimento, es importante recordar que sí contiene un complemento mineral y vitamínico en forma de polvo, conocido en nutrición animal como premix. Esta adición no tiene nada de negativo: precisamente permite aportar las vitaminas y los minerales necesarios en cantidades adecuadas para que el alimento cubra las necesidades nutricionales del perro o del gato y pueda considerarse un alimento completo. Un alimento no se convierte en equilibrado simplemente porque contenga determinados ingredientes; debe aportar todos los nutrientes esenciales en las proporciones adecuadas. Por tanto, afirmar que es « sin aditivos añadidos » resulta, como mínimo, impreciso.
En cuanto a la « cocción lenta y suave », seré breve: en resumen, es un argumento eminentemente comercial. No existe ninguna evidencia clínica que demuestre que una cocción lenta y suave mejore la evolución de perros o gatos con enfermedad inflamatoria intestinal crónica (CIE). Se trata de argumentos de marketing.
Y todo el razonamiento descansa sobre un cambio de enfoque especialmente hábil: se parte de un mensaje de alerta sobre unos «pacientes», que el espectador asocia de forma espontánea con perros y gatos; después se descubre que, en realidad, las pruebas citadas proceden de estudios en medicina humana; e inmediatamente se vuelve a una alimentación destinada a perros y gatos con un:
« como hace, por ejemplo, Food for Joe »
que sirve para vincular toda esa demostración con la marca.
Como todo se desarrolla dentro del mismo vídeo, el conjunto se percibe como un único discurso, sin que ese cambio de registro llegue a señalarse realmente, a pesar de que constituye el eje sobre el que se construye toda la argumentación. Este tipo de construcción resulta especialmente eficaz desde el punto de vista del marketing, pero también es problemática cuando difumina los distintos niveles de evidencia y de discurso.

6. «Agentes oxidantes, compuestos azufrados y permeabilidad intestinal.»
En este vídeo, afirma a continuación que :
« el alto procesado de los piensos o de las latas húmedas genera agentes oxidantes, compuestos azufrados y otros componentes que empeoran la inflamación, aumentarán la permeabilidad intestinal y, por tanto, acelerarán la evolución y empeorarán la patología del paciente. »
La primera pregunta que conviene hacerse es sencilla: ¿los alimentos industriales generan directamente estas sustancias en el organismo?
La respuesta es no, al menos no de la manera en que se presenta aquí. Esta formulación da a entender que esos compuestos estarían presentes en los alimentos en una forma activa y que, posteriormente, serían directamente responsables de los efectos observados en el organismo. Sin embargo, la fisiología digestiva no funciona así.
Los alimentos no contienen agentes oxidantes «listos para actuar» que se liberen en el organismo. Lo que encontramos tanto en medicina veterinaria como en medicina humana son procesos biológicos internos: es el propio organismo el que produce moléculas oxidantes durante el metabolismo normal o en situaciones de inflamación. Es lo que se conoce como estrés oxidativo.
Del mismo modo, los compuestos relacionados con el azufre no son aportados por los piensos o los alimentos húmedos en forma de sustancias patógenas. Proceden, entre otros procesos, de la digestión de las proteínas y de la actividad de la microbiota intestinal; es decir, de mecanismos internos que varían en función del animal, de su estado de salud y de su alimentación en conjunto.
En otras palabras, la ciencia no describe un escenario en el que los alimentos industriales introduzcan directamente sustancias nocivas en el intestino. Lo que describe son mecanismos complejos, internos al organismo, que pueden verse influidos por numerosos factores, pero que no pueden reducirse a una única causa, como se sugiere en el vídeo. Sería como afirmar que consumir un alimento azucarado «produce directamente diabetes», cuando la realidad implica mecanismos metabólicos complejos y múltiples factores que interactúan entre sí.
Y, para terminar…
El vídeo concluye con una propuesta directa:
« Si tienes un perro o un gato con problemas digestivos, en Food for Joe tienes un asesoramiento gratuito con veterinarias nutricionistas para valorar si este tipo de alimentación puede ayudarle. »
Llegados a este punto, surge una pregunta: ¿puede un alimento denominado «fisiológico» (es decir, destinado a un animal sano) presentarse como una solución adecuada para un animal que padece un trastorno médico basándose únicamente en una conversación telefónica sustentada en la información proporcionada por el propietario, sin una evaluación clínica individual?
En la práctica, el abordaje de cualquier trastorno digestivo en perros o gatos debería realizarse siempre dentro de un verdadero marco veterinario, con una exploración clínica del animal y teniendo en cuenta su historial, sus síntomas y su estado de salud.
En el caso de una enfermedad inflamatoria intestinal crónica (CIE), por ejemplo, el tratamiento no suele basarse en un simple alimento fisiológico estándar, sino que puede requerir una alimentación dietética adaptada a la situación clínica del animal. Estos alimentos, definidos por la normativa europea (Reglamento (UE) 2020/354), responden a objetivos nutricionales específicos y forman parte de un abordaje veterinario individualizado.
Más allá del caso concreto de este vídeo, también se trata de una cuestión de deontología profesional. El código deontológico veterinario recuerda, entre otras cosas, que:
« cuando un veterinario interviene en medios de comunicación, internet o redes sociales, debe asegurarse de que la información que transmite sea comprensible, veraz, ponderada, prudente. » (art. 36.2)
y añade que:
« debe evitar difundir mensajes que puedan «despertar alarma social o sembrar confusión o dudas respecto al cuidado de la salud de los animales. » (art. 36.3)
Estos principios no pretenden limitar el debate científico, sino garantizar que la información dirigida al público refleje con fidelidad el estado real del conocimiento disponible.
Cuando en las redes sociales se difunden mensajes alarmistas o presentados como certezas científicas, pueden distorsionar la comprensión del público y alimentar una desconfianza injustificada hacia toda una profesión.
Y eso sería profundamente injusto.
Porque son muchos los veterinarios y profesionales, estén o no presentes en las redes sociales, que trabajan con una exigencia mucho menos espectacular, pero infinitamente más importante: fundamentar sus recomendaciones en los conocimientos científicos disponibles, aceptando al mismo tiempo sus limitaciones y sus incertidumbres.
Nuestros perros y nuestros gatos merecen algo mejor que una moda o un discurso construido sobre el miedo. Merecen una alimentación adaptada a su especie, a su estado de salud y basada en datos científicos sólidos, no en extrapolaciones utilizadas al servicio de un argumento de venta.
Porque, al fin y al cabo, un perro o un gato no lee los argumentos de marketing. Le dan absolutamente igual. El marketing no intenta convencer a nuestros animales. Intenta convencer a sus propietarios.
Así que, si este artículo tuviera que dejar una sola idea, sería esta: mantén siempre un espíritu crítico frente a los discursos que primero intentan asustarte o hacerte sentir culpable, antes de invitarte a reflexionar.
El marketing vende respuestas. La ciencia busca las preguntas adecuadas. Y precisamente por eso merece mucho más nuestra confianza.
