Nutrir el intestino para cuidar todo el organismo: lo último del Congreso Hill’s 2024

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Tuve el privilegio de participar «virtualmente» en el Congreso Mundial de Hill’s Pet Nutrition 2024, titulado “Nourish the Gut, Nurture the Future”, donde se destacó el papel fundamental del intestino en la salud integral de perros y gatos. Este evento reunió a expertos internacionales para discutir cómo el equilibrio microbiano intestinal influye en órganos como los riñones, la piel y el cerebro. En este artículo, comparto lo más relevante que expusieron los expertos, traducido a un lenguaje claro y útil para quienes convivimos con perros y gatos.

Un intestino que protege los riñones… y el apetito

Si convives con un gato mayor con enfermedad renal, quizás hayas notado que deja de comer, pierde peso y parece “desconectado”. Lo que no siempre se cuenta es que, cuando los riñones fallan, también cambia la flora intestinal (disbiosis). Las bacterias beneficiosas pierden terreno, y otras comienzan a producir compuestos tóxicos (compuestos urémicos) que empeoran el estado general del animal. Algunos de estos compuestos provienen de la descomposición del triptófano (indoles) y agravan el apetito, provocan una pérdida de peso progresiva y aceleran el avance de la enfermedad renal.

Frente a esta situación, según los expertos añadir fibras fermentables (como pulpa de remolacha o fructooligosacáridos) en la dieta puede nutrir a las bacterias “buenas” y ayudar al intestino a frenar esa producción tóxica. También se ha hablado del uso de betaína, un nutriente con función osmoprotectora que protege las células renales en momentos de sobrecarga, es decir en situaciones donde los riñones ya no pueden regular correctamente el agua y los minerales del cuerpo (hiperosmolaridad).

El intestino y el cerebro: una conexión real

¿Tu perro tiene miedo a los petardos? ¿Tu gato orina fuera del arenero cuando llega visita? A veces, lo que parece un problema de comportamiento, empieza en el intestino. El microbioma intestinal puede influir en neurotransmisores como la serotonina, y se ha demostrado que animales a los que se les trasplanta flora intestinal de otros con estrés, empiezan a mostrar signos de ansiedad sin haber vivido nada traumático (modelo de transferencia fecal).

Esto se debe, en parte, a que las bacterias intestinales producen sustancias que actúan sobre el cerebro, como la serotonina o la dopamina. Se destacó la importancia de ciertos nutrientes como el triptófano, extractos de melisa, antioxidantes o péptidos de pescado están comenzando a usarse como soporte en casos de estrés crónico, con resultados prometedores.

También se mencionaron los ácidos grasos omega-3 (ácidos grasos poliinsaturados), presentes en el pescado, que ayudan a mantener un buen equilibrio emocional y cognitivo.

¿Dermatitis por culpa del intestino? También puede ser

El microbioma intestinal también regula la respuesta del sistema inmunitario. Cuando se desequilibra (disbiosis), pueden aparecer inflamaciones cutáneas, infecciones por bacterias como Staphylococcus o Malassezia, e incluso empeorar cuadros de dermatitis atópica. Aquí también se ha demostrado que una dieta diseñada para cuidar la piel y el intestino puede reducir los brotes y aliviar síntomas como como el enrojecimiento, la caída del pelo o el picor intenso (prurito).

Y mientras tanto, en humanos… una lección de longevidad

Recientemente, se estudió el caso de María Branyas, quien vivió hasta los 117 años. Un análisis de su microbiota reveló que tenía una composición similar a la de una niña, lo que podría haber contribuido a su longevidad. Este hallazgo destaca la importancia de mantener una microbiota intestinal saludable a lo largo de la vida. ​
Además, un estudio en China analizó la microbiota de más de 1.500 personas de entre 20 y 117 años, descubriendo que los centenarios tenían una microbiota más diversa y equilibrada, similar a la de adultos jóvenes. Este equilibrio podría ser clave para una vida más larga y saludable. ​

¿Y por qué mencionamos esto aquí? Porque los paralelismos entre humanos y animales en el estudio del microbioma ya no son una suposición: la nueva plataforma One Health Microbiome Resource, impulsada por Hill’s y Harvard, trabaja justo en eso entender patrones comunes entre especies para mejorar la nutrición de forma más personalizada.

Conclusión: el intestino no lo cura todo… pero casi

No se trata de cambiar de marca, sino de entender qué ingredientes nutren el microbioma. Las fibras fermentables, los prebióticos específicos o compuestos como la betaína pueden marcar la diferencia. Pregunta a tu veterinario por opciones nutricionales con base científica. Porque sí, el intestino digiere, pero también regula, protege y coordina. Y si lo cuidas, tu animal también lo nota por fuera.